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De Cordoba con amor:La sonrisa esperada

26 mar. 2017

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Cuando parecía que este perro callejero tenía todo perdido -hasta una pata-, fue rescatado en el barrio La Calera y debió pasar mucho tiempo para cambiar de vida. Una historia de pasión rescatista y compromiso humano

La historia de este perro puede repetirse en toda la ciudad. Sólo hay que sumar voluntades
Si se quiere, se puede. El viejo refrán aparece diariamente y, por los gestos humanos, se encuentra también en la vida de los animales.
Puede una rescatista poner el alma para salvar un perro y puede una persona llevar a un perro callejero a vivir a un departamento, aunque muchos digan que no y que no, buscando pretextos.
Hay un perro que puede dar fe de ello, después de atravesar una pesadilla por el simple hecho de ser un callejero bueno, de los que andan buscando un hueso, una caricia o un lugar cómodo para dormir en algún rincón de la ciudad.
Ago Brión, una rescatista activa de la ciudad, apareció en su vida en el momento que peor se encontraba, el 21 de diciembre del año pasado.
Otro perro más grandote y “famoso” por su agresividad cuando se enoja, un pit bull, le había destrozado una pata al callejero, en barrio La Calera.
“Estaba tirado; desde las 9 de la mañana hasta las 20 que me dieron aviso, estuvo inmóvil del dolor en un montículo de tierra, solo”, contó Ago. Un panorama desolador.
La rescatista se ocupó del traslado y el perro llegó al veterinario con 41º de fiebre y en shock.
Estuvo casi una semana internado para estabilizarlo y analizando si amputaban o no su pata. La angustia era enorme y el perro iba camino a una discapacidad.
Sin embargo, sólo fueron dos meses de cuidados intensos para evitar infecciones y su herida cerró perfectamente, “gracias a su hogar provisorio que lo llenó de amor y todas las atenciones necesarias”, destacó Ago.
Tras la espera y la sanación, vino la otra historia, la de encontrar alguien que pudiera seguir acompañando la vida del perro, que volvió a su hermosura fresca, tratando de dejar atrás el dolor y otra etapa de su vida. De hecho, según el veterinario, por la contextura física, el perro habría sido usado para correr carreras.
La historia recorrió las redes sociales y hace unas semanas, una familia decidió abrirle las puertas de su hogar. Vive en un departamento que, para él, puede cotizar mucho más que una mansión en Miami. Y todos los días encuentra el cielo: sale a pasear contento, moviendo todas sus patas. Y moviendo la cola, por supuesto.
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